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Extracto de la emisión del programa "Heliópolis" de 13-2-2017, en Betis TV

El día de ayer fui invitado a la tradicional tertulia del programa Heliópolis de Betis TV, en la que periódicamente participo abordando temas que nada tienen que ver con el contenido de este blog. Sin embargo, en esta ocasión, y a raíz de la controversia suscitada con el caso del futbolista ucraniano Roman Zozulia, fui consultado sobre la impunidad en las redes sociales y la supuesta falta de amparo legal ante los insultos y ataques indiscriminados que se vierten en las mismas, en especial contra personajes con relevancia pública.

En este caso en particular, el futbolista fue cedido por el Real Betis en el mercado de invierno al Rayo Vallecano. La afición rayista se puso en pie de guerra, denunciando la presunta ideología nazi del futbolista, y solicitando (la mayoría de la afición de forma pacífica, y otra pequeña parte mediante pintadas y amenazas) su inmediata expulsión del equipo. A día de hoy, el futbolista solo podría jugar con el Rayo Vallecano -aunque la FIFA está estudiando la posibilidad de que juegue en otro equipo-, al impedir la normativa jugar en otro equipo durante 2017, pero la afición lo rechaza de plano.

El tema ha trascendido lo puramente futbolístico, y la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), la LFP (Liga de Fútbol Profesional), el Ministerio del Interior y hasta la Embajada de Ucrania han intervenido en el asunto y tomado partido en favor del futbolista.

Con todo este  panorama, el delantero se encuentra en una encrucijada: volver al Rayo Vallecano para intentar jugar pese a las presiones y amenazas recibidas, con el agravante de que en Ucrania (o al menos desde el sector gubernamental y mayoritario de la población) ya se identifica al Rayo Vallecano como un equipo “pro-ruso” o “pro-comunista”, con lo que podría llegarse a la paradoja de que sea su propio Gobierno o la mayoría de sus compatriotas los que se opusieran a su concurso con el Rayo, o renunciar y seguir entrenándose con el equipo que lo tiene en propiedad, el Real Betis, con el riesgo de incumplir sus obligaciones laborales para con el Rayo, que además de pagar parte de su ficha tiene una penalización si el futbolista no juega una serie de partidos.

En resumen, tenemos a un trabajador que no puede ejercer libremente su derecho al trabajo y cuyo daño a su honor e imagen pública está fuera de toda duda, una empresa (cesionaria) que no puede utilizar un recurso por el que ha pagado o va a pagar una cuantía económica, y otra empresa (cedente) que ve como uno de sus activos se devalúa, además de un padecer un deterioro en su marca.

Puestos los hechos sobre la mesa, nos interesa aclarar en este punto que el objeto de este artículo no es entrar a valorar si Zozulia tiene o no idelología neonazi, sino advertir de la repercusión y trascendencia que tienen las redes sociales, la inconsciencia de los usuarios sobre las consecuencias que se derivan del uso que hacen de las mismas, y los riesgos para los derechos individuales que acarrea el ejercicio temerario e indiscriminado de la libertad de información.

Conviene recordar que el origen de la controversia es una noticia publicada a la llegada del futbolista a Sevilla, cuando se cerró su fichaje por el Real Betis en verano de 2016. En la misma se afirmaba sin ambages que la camiseta con la que aterrizó el futbolista en el Aeropuerto de San Pablo era de un grupo paramilitar de ideología neonazi, cuando en realidad se trataba del escudo de su país. La noticia fue rápidamente eliminada por el medio, pero el daño ya estaba hecho, y la etiqueta al futbolista quedó colocada para los restos. Esto no obsta para que posteriormente se pueda demostrar o no que efectivamente el futbolista profesa, apoya o defiende dicha ideología. Pero lo que parece claro es que, de no haberse publicado esa noticia falsa, es posible que nadie hubiera entrado a indagar en las ideas políticas del futbolista, y sí en si remata bien de cabeza o tiene olfato goleador.

La publicación de la noticia puso el foco en el futbolista y su ideología, y si bien la noticia era falsa (que la camiseta tenía un símbolo neonazi), la huella digital del jugador no le ayudó a contrarrestar las sospechas suscitadas por la misma. Reiteramos que no vamos a juzgar aquí si Zozulia es o no neonazi, pero la ingente cantidad de información que tiene subida a las redes sociales sí que permite a sus detractores gozar de más armas para defender sus argumentos. Y esto es consecuencia de la repercusión y trascendencia que tienen las redes sociales, y la inconsciencia de los usuarios al hacer uso de las mismas. No caemos en la cuenta de que una vez que publicamos algo en la red, perdemos el control de dicha publicación, y pese a la cada vez mayor protección frente a la impunidad en Internet, y al reconocimiento de nuevas figuras para ese fin como el derecho al olvido, el altavoz mediático y la viralidad nubla cualquier intento de arrepentimiento o rectificación, quedando marcados per saecula saeculorum por un comentario, tuit o foto desafortunada. Y esto puede traer consecuencias como, por ejemplo, quedar inhabilitado para ejercer una profesión.

Esta actuación inconsciente y temeraria se observa claramente, también en este caso, en los comentarios vertidos por usuarios de las redes sociales a cuenta de la cesión del delantero al Rayo y la presunta ideología del jugador. Desde llamar “basura” o manifestar que “dan asco” los futbolistas del Real Betis por apoyar a su compañero, hasta desearles la muerte o acusarles directamente de nazis, por no detallar la colección de insultos y amenazas referidas al protagonista. Algunos de estos comentarios fueron eliminados (sobre todo los escritos por personajes públicos), pero como ya hemos señalado, lo que se publica en la red queda en la red, y el rastro ya ha sido seguido e inmortalizado por otros usuarios y medios de comunicación, quedando por tanto expuestos a eventuales denuncias de los afectados.

Y es que, como advertíamos en la tertulia del programa “Heliópolis”, las injurias, amenazas, vejaciones o cualquier otra actuación ilícita que se perpetra en el “mundo virtual”, es igualmente perseguible como las que se cometen en la “vida real”, y esto lo están teniendo cada vez más claro los tribunales de justicia, que a través de recientes sentencias están levantando el velo de la impunidad que cubría a “trolls” y demás fauna internauta.

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